Reproducimos un texto de nuestro compañero Carlos A. Bacigalupe sobre el trabajo en equipo que ha tenido a bien compartir con nosotros.

Interacción entre los miembros del equipo arbitral

Un equipo arbitral no es la suma de varios árbitros, sino una interacción que crea algo nuevo, una colaboración para la consecución de un objetivo común – el control del juego – tratando de que el resultado sea más que la suma de las partes. Para alcanzar dicho objetivo, los miembros deben contar con los necesarios conocimientos técnicos y condiciones físicas pero también debe crearse un clima en el cual todos los miembros estén dispuestos a trabajar para el equipo de forma armoniosa.

Cada uno de los miembros debe ser consciente del funcionamiento del equipo para conocer la misión que tiene encomendada, lo que resulta más difícil de organizar que en un equipo de fútbol tradicional al no existir la figura coordinadora del entrenador.
El equipo arbitral interactúa en un entorno cuya principal característica está en una acción sin pausa: dos equipos que pasan continuamente de estar organizados en situación de ataque – una configuración abierta, tratando de ampliar el espacio para poder desplazar el balón e incrementando la posibilidad de pase – a colocarse para defender – adoptando una configuración cerrada, achicando los espacios y propiciando la recuperación del balón –  tan pronto como el equipo contrario consigue apoderarse del mismo. Los equipos actúan como si se tratara de un ejercicio de respiración, expandiéndose y contrayéndose sucesivamente a lo largo de todo el partido, obligando al equipo arbitral a adaptarse permanentemente al cambiante entorno, en la mayoría de las ocasiones a gran velocidad y en constante estado de tensión.
La disparidad y el elevado número de posibles situaciones a observar y juzgar por un equipo arbitral a lo largo de un encuentro de fútbol hacen imposible que sus miembros tengan previamente estudiada la acción a realizar o la decisión a tomar. Sin embargo, mediante el entrenamiento y la comunicación previa, determinadas situaciones pueden preverse con antelación y el equipo arbitral puede preparar la respuesta adecuada, por ejemplo, la situación de cada uno de sus miembros en una circunstancia concreta del juego, o la identificación del miembro que se responsabiliza por controlar determinado evento.
Durante el transcurso del encuentro, los miembros del equipo arbitral permanecen en contacto, los de las categorías superiores mediante equipos de intercomunicación, por medio de señales y gestos los de categorías inferiores, siendo dicha comunicación – mantenida a distancia, mediante señales corporales y/o verbales – fundamental para el desempeño de la labor encomendada. Entender el mensaje de otro compañero, comprender lo que se espera de uno, es únicamente alcanzable en la medida en que exista un alto grado de empatía entre los integrantes del equipo arbitral.
Uno de los elementos necesarios para la existencia de la empatía es el entrenamiento previo; otro, fundamental, es la experiencia, es decir, las veces que los integrantes han trabajado en equipo anteriormente, ya que, tomando como base anteriores respuestas a determinadas situaciones, cada miembro sabe cómo va a responder su compañero, prácticamente de forma intuitiva. Equipos arbitrales cuyos componentes actúan juntos de forma habitual consiguen automatizar en gran medida sus acciones y obtienen mejores resultados.
Sin embargo, la esencia misma del juego requiere que exista una autoridad que determine de forma fehaciente cuando un lance del juego es acorde con las normas establecidas (el reglamento) o contrario a las mismas. La diferencia básica entre “hacer deporte” y “competir” es que, en el primer caso, los practicantes no están sujetos a unas reglas determinadas – pueden correr, hacer gimnasia, entrenar en un gimnasio o en la playa – mientras que para “competir” los participantes se someten a unas normas aceptadas de antemano y a la autoridad que aplica dichas normas (el árbitro).
Algunos deportes contemplan la participación de varios árbitros, en unos casos con similares atribuciones – o muy parecidas – por ejemplo, el baloncesto, y en otros bajo la figura del árbitro único, auxiliado por otros árbitros con diferentes atribuciones y responsabilidades, caso del fútbol y el rugby.
De esta forma, dentro del equipo arbitral en el fútbol, no todos los miembros tienen iguales responsabilidades ni cometidos; existe una jerarquía claramente establecida y generalmente aceptada. Cuando la persona que ejerce dicha autoridad (el árbitro) no lo hace de manera adecuada, es decir, en la forma esperada por los demás, actúa de forma irresponsable y propicia la aparición del caos.
Desde hace un tiempo, en los encuentros de categorías superiores, el equipo arbitral ha aumentado el número de sus miembros por la aparición de la figura del cuarto árbitro, el cual tiene encomendado, entre otras funciones, el control del comportamiento de los jugadores, técnicos y oficiales sentados en los banquillos. En los encuentros de categorías inferiores, dicho control lo realiza el asistente que corre la banda más próxima a los banquillos.
La permanente atención de un miembro del equipo arbitral sobre el comportamiento de las personas sentadas en los banquillos, o en pie dando instrucciones a los jugadores, provoca que sea muy habitual la llamada al árbitro para informarle de alguna protesta o comportamiento incorrecto. Al aproximarse el árbitro, el cuarto árbitro o el asistente le informa sobre lo acontecido y el árbitro, como máxima autoridad en el campo, adopta las medidas disciplinarias que considera convenientes. En esta situación, el asistente debe tener claro que su responsabilidad se limita a informar al árbitro de los hechos, sin entrar a calificarlos ni a dar su opinión sobre las medidas que deba tomar el árbitro; actuar de forma diferente, es decir, sugerir o indicar al árbitro la medida a tomar, supone una presión adicional para el propio árbitro, quebranta su autoridad frente al mismo y frente a terceros que puedan oír la conversación, y rompe la armonía entre los miembros del equipo arbitral.
Una conversación previa al inicio del encuentro entre los miembros del equipo arbitral debe establecer, de forma coordinada entre ellos, las responsabilidades de cada uno, evitando situaciones como la descrita que no sirven más que para dificultar una labor ya de por sí complicada.
Carlos A. Bacigalupe